domingo, 10 de septiembre de 2023

Los Ríos Profundos

 Los Ríos Profundos

JOSE MARÍA ARGUEDAS

Los ríos profundos, publicado en 1958, es una novela del escritor peruano José María Arguedas. Tiene hondas raíces autobiográficas. Ernesto, su protagonista y narrador en primera persona, es hijo de blancos, pero sus primeros años transcurren en una comunidad india, cuyo mundo primitivo, puro, sumergido en la naturaleza y entretejido de magia, será constantemente el refugio de sus recuerdos y nostalgias. El título de la obra alude a la profundidad de los ríos andinos, que nacen en la cima de la Cordillera de los Andes, pero a la vez se refiere a las sólidas y ancestrales raíces de la cultura andina, la que, según Arguedas, es la verdadera identidad nacional dLos el Perú. Según la crítica especializada, esta novela marcó el comienzo de la corriente neoindigenista, pues presentaba por primera vez una lectura del problema del indio desde una perspectiva más cercana. Fama que va a compartir con el escritor mexicano Juan Rulfo. La mayoría de los críticos coinciden en que esta novela es la obra maestra de Arguedas.

Los ríos profundos son para muchos la síntesis más perfecta del mundo andino y el español. Su autor, el escritor y antropólogo peruano José María Arguedas, concibe toda su literatura alrededor de un proyecto: un país dividido entre dos culturas (la andina, de origen quechua, y la urbana, de raíces europeas) que deben integrarse en una relación armónica de carácter mestizo. Y resulta ser en esta obra, "Los ríos profundos"; donde mejor se plasman los grandes dilemas, angustias y esperanzas que ese proyecto plantea.

Teniendo en cuenta que se trata de una novela de corte autobiográfico, la época en que está ambientada la narración es la década de 1920, bajo el oncenio de Augusto B. Leguía. Para ser más exactos, fue el año de 1924 en que Arguedas estudió el quinto de primaria en el colegio de Abancay, dirigido por los padres mercedarios.

Se trata de una novela de formación articulada sobre dos pilares estructurales de dilatada tradición literaria, como son, por un lado el motivo del viaje y por el otro el del héroe adolescente que protagoniza el tránsito de la infancia a la edad adulta. Ambos motivos son de fácil rastreo a lo largo de la literatura, tanto aislados como combinados, arrancados, desde la Biblia y la épica clásica, pasando por la picaresca hasta llegar a la literatura del siglo XX.

La novela narra el proceso de maduración de Ernesto, un muchacho de 14 años quien debe enfrentar a las injusticias del mundo adulto del que empieza a formar parte y en el que debe elegir un camino. El relato empieza en el Cuzco, ciudad a la que arriban Ernesto y su padre, Gabriel, un abogado itinerante, en busca de un pariente rico denominado El Viejo, con el propósito de solicitarle trabajo y amparo. Pero no tienen éxito. Entonces reemprenden sus andanzas a lo largo de muchas ciudades y pueblos del sur peruano. En Abancay, Ernesto es matriculado como interno en un colegio religioso mientras su padre continúa sus viajes en busca de trabajo. Ernesto tendrá entonces que convivir con los alumnos del internado que son un microcosmos de la sociedad peruana y donde priman normas crueles y violentas. Más adelante, ya fuera de los límites del colegio, el amotinamiento de un grupo de chicheras exigiendo el reparto de la sal, y la entrada en masa de los colonos o campesinos indios a la ciudad que venían a pedir una misa para las víctimas de la epidemia de tifo, originará en Ernesto una profunda toma de conciencia: elegirá los valores de la liberación en vez de la seguridad económica. Con ello culmina una fase de su proceso de aprendizaje. La novela finaliza cuando Ernesto abandona Abancay y se dirige a una hacienda de propiedad de «El Viejo», situada en el valle del Apurímac, a la espera del retorno de su padre.

El viaje de Ernesto, el protagonista de la novela, pasa por tres etapas. La corta estancia en Cuzco conforma la primera etapa del viaje iniciático de Ernesto; Cuzco es ciudad sagrada y centro del mundo en el que se unen cielo y tierra. La segunda etapa es el largo peregrinar del protagonista siguiendo los pasos de su padre por toda la geografía del Perú. La estancia en Abancay constituye la tercera parte del viaje del protagonista; Abancay romperá la idea del orden natural que Ernesto había aprendido con los indios, porque en esa ciudad aparecerá materializado el mal. La última etapa del viaje de Ernesto consiste en la vuelta a emprender el camino que lo integra con las sierras, los ríos y el pasado, pues ese será, paradójicamente, su futuro. Son dos los narradores que relatan los diferentes capítulos de la novela. Uno es el mismo protagonista que narra su historia interior, y el otro es el narrador que narra la historia global. Pero se trata de un narrador no del todo omnisciente, de una omnisciencia restringida que no cuenta más allá de lo que podría saber Ernesto.

En Los ríos profundos Arguedas presenta una visión del universo como un todo interrelacionado y el acercamiento mágico a ese mundo consiste en intentar descubrir los caminos subterráneos que se mueven entre los seres, las cosas y los valores espirituales. Sin embargo, esta percepción integradora y panteísta no es compartida por todos los personajes de la novela, tan sólo por el pueblo indígena y por Ernesto, el protagonista “introducido” por una infancia pasada en el ayllu y en su quebrada madre. Esta magia es para Ernesto su guía vital y la encuentra en la memoria de las piedras vírgenes del muro inca, de donde capta al palparlas en los ríos, a los que otorga el papel de divinidad purificadora ya que es sangre que desciende de la sierra y trae consigo recuerdos de un pasado feliz. Esta magia también se apodera de su voz convirtiéndola en canto y de este modo pasa a formar parte del lenguaje del mundo. Es decir, aunque escrita en castellano, Los ríos profundos es una novela pensada y cantada en quechua. El zumbaylú, que en un primer momento puede no parecer relacionado con el pasado, representa en la novela la identidad profunda de la memoria, la naturaleza y la música. Se trata de un simple trompo, que actúa como un objeto integrador que sirve para hacer funcionar los recuerdos más recónditos. Para Ernesto es el instrumento ideal en cuanto que es capaz de captar la interrelación existente entre los objetos. A la vez que evoca a la Naturaleza es objeto pacificador que purifica los espacios negativos.

La dimensión al mismo tiempo histórica y mítica de la obra de Arguedas parece evidente. Pero la misma mirada que se fija en el pasado legendario evocando mitos de hace miles de años, se fija también en el presente y mucho más en un futuro histórico que reconcilie a los pueblos del Perú, en el que proyecta siempre la memoria de los mitos y el recuerdo personal de su infancia. Este presente se hace visible en la revolución de las chicheras, en el borracho que orina sobre el muro...Así, la misión de Ernesto es la de recuperar el pasado y ser capaz de relacionarlo con el presente.

Los ríos profundos es una novela que se sustenta sobre una antítesis. Esta antítesis viene dada por dos grandes conceptos unidos al hombre desde su existencia: el Bien y el Mal. Este ha sido el aspecto más estudiado de la obra, puesto que de aquí parten la caracterización y clasificación de los personajes. Es interesante la clasificación que establece Gladys Marín al respecto. Mantiene que el mundo del Colegio está marcado por los signos del bien y del mal y que se da a lo largo de la historia un proceso de transformación que lleva a unos a la liberación y a otro a la condenación.

La obra “Los Ríos Profundos”, refiere la política de conducción dentro del Internado a cargo del Obispo de abancay. En la ciudad, la política gubernamental del Perú de aquel entonces, mantenía el feudalismo peruano, permitiendo la existencia de los hacendados gamonales y la servidumbre de los campesinos que no ejercían propiedad privada sobre las tierras que trabajaban. También podemos considerar un valor social, porque muestra la heterogeneidad de razas existentes en la educación de la escuela religiosa, refiriéndose tanto de estudiantes provenientes de su casa como de los que permanecían en el internado. Arguedas narra la disconformidad y la lucha de la clase media conformado por las comerciantes (chicheras) ante el desabastecimiento fortuito de la sal contra las autoridades gubernamentales y empresarios que acaparaban con fines de elevar precios. En la obra distingo dos narradores: El narrador principal, un hombre adulto que evoca su niñez, el segundo un narrador cognoscitivo cuya intervención es esporádica.

(RUTI)

 

LOS RIOS PROFUNDOS

LOS RIOS PROFUNDOS

JOSE MARIA ARGUEDAS

Este texto nos invita a un viaje hacia lo mítico, se concentra en esa fuerza mágica que lleva al hombre a perpetuar sus historias y dejar huella de su imaginario, compar­tiéndolo con sus iguales. Detrás de toda narración está un misterio que se nos revela y que permite ahondar en la búsqueda de arquetipos que definen nuestra naturaleza. Lingüísticamente el TAYTA aplica exclusivamente a palabras de su lengua materna, esa que de modo exclusivo usó antes de la pubertad, lo que hace previsible que tales palabras conservaran vivamente la red de asociaciones emocionales e intelectuales con que fueron empleadas durante la infancia y retratada en los RIOS PROFUNDOS. 

Me parece indispensable abordar Los ríos profundos, desde una perspectiva estrictamente artística. Es decir, es un sistema de referencia con el mundo andino y su relación con la naturaleza; asimismo, Ernesto busca el mundo andino recordando su infancia de donde provenía. También, en una parte de la obra se puede ver el contacto entre el mundo andino y occidental, donde se encuentran la raza de los mestizos y los indígenas; la realidad de estos dos mundos, las raíces se ven desde la cosmovisión andina. Igualmente, José María Arguedas pretende dar una visión del mundo andino revelando nuestra realidad vinculándonos con nuestras raíces.

De la misma forma, la obra presenta un ambiente rural que es sencillo y entrañable. Asimismo, presenta una vida en común entre la naturaleza y al ser humano. La obra es muy interesante porque abre la perspectiva de cambio, la posibilidad de un orden que necesariamente no se afirma sobre el poder sino sobre la justicia. Desde la visión real maravilloso, la obra se encuentra en conflicto con la visión occidental.

Por otro lado, la novela “Los ríos profundos” es la mejor obra literaria de José María Arguedas, según los escritos literarios. La calidad y la forma en cómo se narran los sucesos la hace maravillosamente atrayente. La obra es interesante porque a través de ella podemos ver la realidad de dos mundos completamente opuestos, el de los indígenas y los mestizos; siendo el escenario principal la sierra sur del Perú, mostrando así la belleza de los andes. Además, nos muestra que debemos respetar al hombre andino y no dejarlo en el olvido tan solo por su falta de educación.

En el Perú desde tiempos antiguos ha existido la segregación a los indios por parte de los blancos, personas de la república aristocrática con grandes poderes económicos y sociales. No solo estaba la de ese tipo de distinción, sino también, por el color de piel o por la apariencia, todos debemos tener en cuenta que no importa el color, sexo o raza, todos somos iguales y merecemos el mismo respeto. Es evidente que existió el abuso incontrolable que se hacía a los indios, personajes que se identificaban por llevar un bastón con puño de oro; que infundía miedo y terror, tratándolos como esclavos o bestias de carga, por estas razones, surgió la proporción revolucionaria contenida en la escena de los indios que arrastraban la represión militar con tal de oír la misa noc­turna para salvar sus almas. Este evidente intento de mostrar que aun los seres más sumisos y rendidos, los colonos de las haciendas, disponían de una fuerza capaz de hacerles enfrentar el coercitivo e injusto orden legal enciende el último y esperpéntico capítulo de la novela.

Por otro lado, se puede ver que la mujer también podía liderar, que tiene las mismas capacidades para tomar decisiones; este se puede notar, en la chichera doña Felipa, vale la pena decir que las mujeres de la época ya estaban tratando de buscar la igualdad y no querían ser dominados, en efecto ni abusadas.

En la actualidad, en el Perú existen muchos problemas que azotan como una lacra a la población andina. Los problemas que resaltan son: La marginación o la descremación, los más afectados con este problema son los procedentes del campo. ejemplo. Los estudiantes en los grandes colegios son marginados, por su cultura, idioma, vestimenta entre otras razones. También se ve el problema de desigualdad en diferentes formas ejemplos; los ministros, los congresistas, los de elite ganan sueldos altos mientras los otros sectores públicos están por debajo de la inversión. Así mismo, existen la explotación de parte de los altos funcionarios hacia la clase baja, ejemplo las personas del campo no conocen sus derechos y por ello son explotados, es más, los estudiantes que migran a las grandes ciudades en busca de oportunidades sus derechos son vulnerados. También hoy en día vemos el maltrato hacia la mujer como es el caso de Cindy Contreras, que ha sido víctima de abuso sexual, psicológico y físico. De la misma forma, en el Perú hay muchas injusticias, ya que el empresario hace lo que le da la gana, ejemplo; las personas que tienen poderes y compran la justicia a su antojo, mientras que algunos se hacen comprar, en el Perú no existe justicia, entonces la existencia de los valores es pisoteada desde ese mundo burgués y clasista.

En conclusión, “Los ríos profundos” es la mejor novela escrita de José María Arguedas, además de describir perfectamente a la sierra y a la belleza que la muestra. Creo que Arguedas logro una muy buena narración. De la misma forma, inspirada en esta novela me reafirmo en pensar que no importa nuestra clase social, nuestra raza, somos seres humanos y tenemos los mismos derechos y merecemos el mismo respeto que los demás, seamos nosotros quienes digamos ¡basta ya a la discriminación! Así mismo, Arguedas lucha por el reconocimiento de existencia y también la igualdad para los indígenas. Renuncia al conflicto y opta por presentar realidades de los demás y reclama lo que considera justo para cualquier ser humano, ya que el hombre andino fue maltratado, humillado y explotado por la clase alta.

(LEO)

jueves, 5 de diciembre de 2013

OSQO YAYKUY

OSQO YAYKUY: SÍMBOLO DE IDENTIDAD LITERARIA DE LA ALTIPLANICIE DE BOMBÓN (CARHUAMAYO)

Por: Marcos CORDOVA CORREA
llakwas @hotmail.com
marcoscordovacorrea1@gmail.com
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Claro 962240016
INTRODUCCIÓN

El fenómeno de identidad cultural literaria enraizado en el indigenismo mágico andino es una buena manera dogmática de sobrevivencia de los pueblos y sus aprendizajes en la universalización del siglo XXI. En esta configuración conceptual se enmarca “Osqo yaykuy”, una realidad musical característico y una poética popular de colectividad de Carhuamayo.

VISIÓN Y SECUENCIA TEMATICA DE OSQO YAYKUY

“Pichilla: ¡Guau, guau niptinqa!
Naqachu chayamun nilanki.
Liqlishla: ¡Liq, liq Niptinqa!
Naqachu chayamun nilanki”
(Poesía andina y huayno carhuamaíno de creación colectiva)

Resistiendo a las oleadas de la cultura alienante y de la moda hipnotizante perdura el “Osqo yaykuy” latiendo en los corazones de los rioamarillenses, resonando en los labios de los llakwas, palpitando en la cosmovisión andina de los carhuamaínos.

El “Osqo yaykuy” es una creación poética musical colectiva de las últimas décadas del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX. Es un huayno característico y tradicionista de autoría colectiva y de carácter oral, inspirado en un hecho social adentrado en un ciclo de la naturaleza estival (temporada de sol andino en la serranía peruana), que estas dos últimas décadas vienen cultivando con temeraria y exigente conciencia cultural, los cultores folclóricos carhuamaínos; y, los Apus y Mayordomos de la Fiesta Patronal de Carhuamayo quienes del 28 de Agosto al 4 de Setiembre de cada año rememoran la grandeza del Imperio de los Inkas con el permiso de mamacha Santa Rosa. El “Osqo yaykuy”, dinamizado como poesía-huayno manifiesta un intenso sentimiento de vivencia ganadera matizado de amor oconalista en las orillas del lago Chinchaycocha; y, está grafemado en lengua andino dialectal del RUNA SIMI, variante del Quechua Huaylas. El “Osqo yaykuy” ha evolucionado como símbolo característico del carhuamaíno errante, más que de aquel hombre enamorado que descendía al oconal arpegiando su guitarra para encontrarse con su pretendida pastora que lo esperaba sediento de amor musicalizado con los balidos de los ovinos y matizado con las coqueterías de los auquénidos. ¡Cuántos abuelitos aventureros recuerdan esos momentos de encuentro con su pastora al pie de un champatorre o a la orilla de un río al abrigo de los chilwares, con el solo testigo de las wachwas y el frío de la geografía!

El origen folclórico y tradicional del “Osqo yaykuy” es anecdótico y romántico más que un chascarro de la bohemia de aventureros. El enamorado, amante andino, con su poncho de bayeta vicuñaria y botas de jebe, con su talega en el hombro adolorido y bordoneando hábilmente su guitarra falcónica o española: unas veces, al caer la tarde peregrina, cuando el cielo con sus dedos de vítreo tiende su manto de luto; otras veces, al saludo gallardo del sol triunfante o al bautismo refrescante de la lluvia o nieve, desciende al oconal entonando:

“Imalataraq rurayan, (que estará haciendo)
Aykalataraq rurayan…” (que estará haciendo)

Imaginando lo que puede estar haciendo su amada pastora e inspiradora romántica, con voz tosca y trinante, agrega:

“Ninalantachu tukiyan, (estará atizando su vicharra)
Awalantachu awanyan, (estará tejiendo su tejido)
Puchkalantachu puchkayan…” (estará puchkando su puchka)

Y, en algunas oportunidades, con el calor abrazante del medio día, continua tarareando:

“Ushalantachu muyuyan, (estará arreando sus ovinos)
Wakalantachu muyuyan…” (estará pasteando sus vacas)

Hay ocasiones en que la amada pastora cumple la función activa, mirando a la distancia, con su voz temblorosa, entona:

“Champalantachu kuchuyan, (estará cortando su champa)
Lutakulantachu pirqayan…” (estará construyendo su choza)

El caballero aventurero y andante con el corazón ardiendo de pasión idílico, siente ver a su amada en algún objeto de la naturaleza y desilusionado vuelve a la realidad, tarareando:

“Chaychu, chaychu ninqaqa, (lo que dije será ella)
Champa qotulam kakuna, (montón de champa había sido)
Waqchu, waqchu ninqaqa, (lo que dije será ella)
Rumi qotulam kakuna, (montón de piedra había sido)
Chaychu, chaychu ninqaqa, (lo que dije será ella)
Kuchi unkishlam kakuna, (hociqueado por el cerdo había sido)
Waqchu, waqchu ninqaqa, (lo que dije será ella)
Oqshaputulam kakuna…” (mata de ichu había sido)
Verde faldinchu ninqaqa, (lo que dije será su falda verde)
Verde putulam kakuna; (lomada verde había sido)
Oqe faldinchu ninqaqa, (lo que dije será su falda plomo)
Oqe ashnulam kakuna…” (asno plomo había sido)

¡Cuántas veces aquel enamorando, a la luz de la luna y aguijoneado por el aromático y tonificante caliche de maca... vive penurias en sus travesías para llegar donde su pastora amada! ¡Cuántas veces al cruzar un río, en vuelos de salto, no logra alcanzar la otra orilla…, ni la helada de julio-agosto, ni la gelidez del agua siente, continúa en su travesía pastoril!

“Imanaruntar kay puywa, (que tiene mi corazón)
Wichan wichanta rirqakun; (por arriba mira)
Aykanaruntar kay sonqo, (que tiene mi corazón)
Ura uranta rirqakun… (por abajo mira)
Kikin kikinta yarpakun, (el mismo se recuerda)
Tukuy tukuyta rimaykun…” (una y otra cosa habla)

Los frailescos (liklish) y las gaviotas (kiulla) al paso de los caminantes enamorados alzan vuelo emitiendo trinares de alerta. El enamorado andante con su característico coraje y orgullo siempre rasgueando su guitarra fiel compañera y testigo mudo de sus andanzas, tararea:

“Liqlishla: ¡Liq, liq niptinqa! (cuando el frailesco canta)
Naqachu aywayamun nilanki; (estará viniendo dirás)
Kiullala: ¡Kiu, kiu niptinqa! (cuando la gaviota canta)
Naqachu chayamun nilanki…” (estará viniendo dirás)

Y, cuando llega a la choza de la dulce amada de ojos centelleantes de mirada y de respirar acompasado al ritmo del viento musicalizado al contacto de ichus y totoras, se oyen los ladridos temerarios de los shapichas (perros pequeños y chuscos), y el enamorado entona:

“Pichilla: ¡Guau, guau niptinqa! (cuando tu perrito ladre)
Naqachu chayamun nilanki; (dirás ya está veniendo)
Shapicha: ¡Guau, guau niptinga! (cuando tu perrito ladre)
Naqachu chayamun nilanki…” (dirás ya está llegando)

La tradición testifica que cuando el amante, sorteando ríos, pantanos, puquiales, mordiscos de perros, besos de la pampa (chacho), tentación del illaq, de la sirena, llega a la choza, preparan tazas de chocolate como preámbulo para entregarse en los brazos irónicos del amor aromados de humo a champa, takia, bosta, ichu, totora, etc.
En algunas ocasiones, si el amante andante no la encuentra a su amada pastora en su choza o majada, lleno de ira, deduciendo traición, unas veces, las pertenencias de ella lo quema si el amor es sincero; y, otras veces, las echa al río si el amor es de aventura… y a sus animales los dispersa por el campo del oconal.