jueves, 5 de diciembre de 2013

OSQO YAYKUY

OSQO YAYKUY: SÍMBOLO DE IDENTIDAD LITERARIA DE LA ALTIPLANICIE DE BOMBÓN (CARHUAMAYO)

Por: Marcos CORDOVA CORREA
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INTRODUCCIÓN

El fenómeno de identidad cultural literaria enraizado en el indigenismo mágico andino es una buena manera dogmática de sobrevivencia de los pueblos y sus aprendizajes en la universalización del siglo XXI. En esta configuración conceptual se enmarca “Osqo yaykuy”, una realidad musical característico y una poética popular de colectividad de Carhuamayo.

VISIÓN Y SECUENCIA TEMATICA DE OSQO YAYKUY

“Pichilla: ¡Guau, guau niptinqa!
Naqachu chayamun nilanki.
Liqlishla: ¡Liq, liq Niptinqa!
Naqachu chayamun nilanki”
(Poesía andina y huayno carhuamaíno de creación colectiva)

Resistiendo a las oleadas de la cultura alienante y de la moda hipnotizante perdura el “Osqo yaykuy” latiendo en los corazones de los rioamarillenses, resonando en los labios de los llakwas, palpitando en la cosmovisión andina de los carhuamaínos.

El “Osqo yaykuy” es una creación poética musical colectiva de las últimas décadas del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX. Es un huayno característico y tradicionista de autoría colectiva y de carácter oral, inspirado en un hecho social adentrado en un ciclo de la naturaleza estival (temporada de sol andino en la serranía peruana), que estas dos últimas décadas vienen cultivando con temeraria y exigente conciencia cultural, los cultores folclóricos carhuamaínos; y, los Apus y Mayordomos de la Fiesta Patronal de Carhuamayo quienes del 28 de Agosto al 4 de Setiembre de cada año rememoran la grandeza del Imperio de los Inkas con el permiso de mamacha Santa Rosa. El “Osqo yaykuy”, dinamizado como poesía-huayno manifiesta un intenso sentimiento de vivencia ganadera matizado de amor oconalista en las orillas del lago Chinchaycocha; y, está grafemado en lengua andino dialectal del RUNA SIMI, variante del Quechua Huaylas. El “Osqo yaykuy” ha evolucionado como símbolo característico del carhuamaíno errante, más que de aquel hombre enamorado que descendía al oconal arpegiando su guitarra para encontrarse con su pretendida pastora que lo esperaba sediento de amor musicalizado con los balidos de los ovinos y matizado con las coqueterías de los auquénidos. ¡Cuántos abuelitos aventureros recuerdan esos momentos de encuentro con su pastora al pie de un champatorre o a la orilla de un río al abrigo de los chilwares, con el solo testigo de las wachwas y el frío de la geografía!

El origen folclórico y tradicional del “Osqo yaykuy” es anecdótico y romántico más que un chascarro de la bohemia de aventureros. El enamorado, amante andino, con su poncho de bayeta vicuñaria y botas de jebe, con su talega en el hombro adolorido y bordoneando hábilmente su guitarra falcónica o española: unas veces, al caer la tarde peregrina, cuando el cielo con sus dedos de vítreo tiende su manto de luto; otras veces, al saludo gallardo del sol triunfante o al bautismo refrescante de la lluvia o nieve, desciende al oconal entonando:

“Imalataraq rurayan, (que estará haciendo)
Aykalataraq rurayan…” (que estará haciendo)

Imaginando lo que puede estar haciendo su amada pastora e inspiradora romántica, con voz tosca y trinante, agrega:

“Ninalantachu tukiyan, (estará atizando su vicharra)
Awalantachu awanyan, (estará tejiendo su tejido)
Puchkalantachu puchkayan…” (estará puchkando su puchka)

Y, en algunas oportunidades, con el calor abrazante del medio día, continua tarareando:

“Ushalantachu muyuyan, (estará arreando sus ovinos)
Wakalantachu muyuyan…” (estará pasteando sus vacas)

Hay ocasiones en que la amada pastora cumple la función activa, mirando a la distancia, con su voz temblorosa, entona:

“Champalantachu kuchuyan, (estará cortando su champa)
Lutakulantachu pirqayan…” (estará construyendo su choza)

El caballero aventurero y andante con el corazón ardiendo de pasión idílico, siente ver a su amada en algún objeto de la naturaleza y desilusionado vuelve a la realidad, tarareando:

“Chaychu, chaychu ninqaqa, (lo que dije será ella)
Champa qotulam kakuna, (montón de champa había sido)
Waqchu, waqchu ninqaqa, (lo que dije será ella)
Rumi qotulam kakuna, (montón de piedra había sido)
Chaychu, chaychu ninqaqa, (lo que dije será ella)
Kuchi unkishlam kakuna, (hociqueado por el cerdo había sido)
Waqchu, waqchu ninqaqa, (lo que dije será ella)
Oqshaputulam kakuna…” (mata de ichu había sido)
Verde faldinchu ninqaqa, (lo que dije será su falda verde)
Verde putulam kakuna; (lomada verde había sido)
Oqe faldinchu ninqaqa, (lo que dije será su falda plomo)
Oqe ashnulam kakuna…” (asno plomo había sido)

¡Cuántas veces aquel enamorando, a la luz de la luna y aguijoneado por el aromático y tonificante caliche de maca... vive penurias en sus travesías para llegar donde su pastora amada! ¡Cuántas veces al cruzar un río, en vuelos de salto, no logra alcanzar la otra orilla…, ni la helada de julio-agosto, ni la gelidez del agua siente, continúa en su travesía pastoril!

“Imanaruntar kay puywa, (que tiene mi corazón)
Wichan wichanta rirqakun; (por arriba mira)
Aykanaruntar kay sonqo, (que tiene mi corazón)
Ura uranta rirqakun… (por abajo mira)
Kikin kikinta yarpakun, (el mismo se recuerda)
Tukuy tukuyta rimaykun…” (una y otra cosa habla)

Los frailescos (liklish) y las gaviotas (kiulla) al paso de los caminantes enamorados alzan vuelo emitiendo trinares de alerta. El enamorado andante con su característico coraje y orgullo siempre rasgueando su guitarra fiel compañera y testigo mudo de sus andanzas, tararea:

“Liqlishla: ¡Liq, liq niptinqa! (cuando el frailesco canta)
Naqachu aywayamun nilanki; (estará viniendo dirás)
Kiullala: ¡Kiu, kiu niptinqa! (cuando la gaviota canta)
Naqachu chayamun nilanki…” (estará viniendo dirás)

Y, cuando llega a la choza de la dulce amada de ojos centelleantes de mirada y de respirar acompasado al ritmo del viento musicalizado al contacto de ichus y totoras, se oyen los ladridos temerarios de los shapichas (perros pequeños y chuscos), y el enamorado entona:

“Pichilla: ¡Guau, guau niptinqa! (cuando tu perrito ladre)
Naqachu chayamun nilanki; (dirás ya está veniendo)
Shapicha: ¡Guau, guau niptinga! (cuando tu perrito ladre)
Naqachu chayamun nilanki…” (dirás ya está llegando)

La tradición testifica que cuando el amante, sorteando ríos, pantanos, puquiales, mordiscos de perros, besos de la pampa (chacho), tentación del illaq, de la sirena, llega a la choza, preparan tazas de chocolate como preámbulo para entregarse en los brazos irónicos del amor aromados de humo a champa, takia, bosta, ichu, totora, etc.
En algunas ocasiones, si el amante andante no la encuentra a su amada pastora en su choza o majada, lleno de ira, deduciendo traición, unas veces, las pertenencias de ella lo quema si el amor es sincero; y, otras veces, las echa al río si el amor es de aventura… y a sus animales los dispersa por el campo del oconal.