OSQO
YAYKUY: SÍMBOLO DE IDENTIDAD LITERARIA DE LA ALTIPLANICIE DE BOMBÓN
(CARHUAMAYO)
Por: Marcos CORDOVA CORREA
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INTRODUCCIÓN
VISIÓN Y SECUENCIA TEMATICA
DE OSQO YAYKUY
“Pichilla: ¡Guau, guau niptinqa!
Naqachu chayamun nilanki.
Liqlishla: ¡Liq, liq Niptinqa!
Naqachu chayamun nilanki”
(Poesía andina y huayno carhuamaíno de
creación colectiva)
Resistiendo a las oleadas de
la cultura alienante y de la moda hipnotizante perdura el “Osqo yaykuy”
latiendo en los corazones de los rioamarillenses, resonando en los labios de
los llakwas, palpitando en la cosmovisión andina de los carhuamaínos.
El “Osqo yaykuy” es una
creación poética musical colectiva de las últimas décadas del siglo XIX y
primeras décadas del siglo XX. Es un huayno característico y tradicionista de
autoría colectiva y de carácter oral, inspirado en un hecho social adentrado en
un ciclo de la naturaleza estival (temporada de sol andino en la serranía
peruana), que estas dos últimas décadas vienen cultivando con temeraria y
exigente conciencia cultural, los cultores folclóricos carhuamaínos; y, los
Apus y Mayordomos de la Fiesta Patronal de Carhuamayo quienes del 28 de Agosto al
4 de Setiembre de cada año rememoran la grandeza del Imperio de los Inkas con
el permiso de mamacha Santa Rosa. El “Osqo yaykuy”, dinamizado como poesía-huayno
manifiesta un intenso sentimiento de vivencia ganadera matizado de amor
oconalista en las orillas del lago Chinchaycocha; y, está grafemado en lengua
andino dialectal del RUNA SIMI, variante del Quechua Huaylas. El “Osqo yaykuy”
ha evolucionado como símbolo característico del carhuamaíno errante, más que de
aquel hombre enamorado que descendía al oconal arpegiando su guitarra para
encontrarse con su pretendida pastora que lo esperaba sediento de amor
musicalizado con los balidos de los ovinos y matizado con las coqueterías de
los auquénidos. ¡Cuántos abuelitos aventureros recuerdan esos momentos de
encuentro con su pastora al pie de un champatorre o a la orilla de un río al
abrigo de los chilwares, con el solo testigo de las wachwas y el frío de la geografía!
El origen folclórico y
tradicional del “Osqo yaykuy” es anecdótico y romántico más que un chascarro de
la bohemia de aventureros. El enamorado, amante andino, con su poncho de bayeta
vicuñaria y botas de jebe, con su talega en el hombro adolorido y bordoneando
hábilmente su guitarra falcónica o española: unas veces, al caer la tarde
peregrina, cuando el cielo con sus dedos de vítreo tiende su manto de luto;
otras veces, al saludo gallardo del sol triunfante o al bautismo refrescante de
la lluvia o nieve, desciende al oconal entonando:
“Imalataraq
rurayan, (que estará haciendo)
Aykalataraq
rurayan…” (que estará haciendo)
Imaginando lo que puede
estar haciendo su amada pastora e inspiradora romántica, con voz tosca y
trinante, agrega:
“Ninalantachu
tukiyan, (estará atizando su vicharra)
Awalantachu
awanyan, (estará tejiendo su tejido)
Puchkalantachu
puchkayan…” (estará puchkando su puchka)
Y, en algunas oportunidades, con el calor
abrazante del medio día, continua tarareando:
“Ushalantachu
muyuyan, (estará arreando sus ovinos)
Wakalantachu
muyuyan…” (estará pasteando sus vacas)
Hay ocasiones en que la
amada pastora cumple la función activa, mirando a la distancia, con su voz
temblorosa, entona:
“Champalantachu
kuchuyan, (estará cortando su champa)
Lutakulantachu
pirqayan…” (estará construyendo su choza)
El caballero aventurero y
andante con el corazón ardiendo de pasión idílico, siente ver a su amada en
algún objeto de la naturaleza y desilusionado vuelve a la realidad, tarareando:
“Chaychu,
chaychu ninqaqa, (lo que dije será ella)
Champa
qotulam kakuna, (montón de champa había sido)
Waqchu,
waqchu ninqaqa, (lo que dije será ella)
Rumi
qotulam kakuna, (montón de piedra había sido)
Chaychu,
chaychu ninqaqa, (lo que dije será ella)
Kuchi
unkishlam kakuna, (hociqueado por el cerdo había sido)
Waqchu,
waqchu ninqaqa, (lo que dije será ella)
Oqshaputulam
kakuna…” (mata de ichu había sido)
Verde
faldinchu ninqaqa, (lo que dije será su falda verde)
Verde
putulam kakuna; (lomada verde había sido)
Oqe
faldinchu ninqaqa, (lo que dije será su falda plomo)
Oqe
ashnulam kakuna…” (asno plomo había sido)
¡Cuántas veces aquel
enamorando, a la luz de la luna y aguijoneado por el aromático y tonificante
caliche de maca... vive penurias en sus travesías para llegar donde su pastora amada!
¡Cuántas veces al cruzar un río, en vuelos de salto, no logra alcanzar la otra
orilla…, ni la helada de julio-agosto, ni la gelidez del agua siente, continúa
en su travesía pastoril!
“Imanaruntar
kay puywa, (que tiene mi corazón)
Wichan
wichanta rirqakun; (por arriba mira)
Aykanaruntar
kay sonqo, (que tiene mi corazón)
Ura
uranta rirqakun… (por abajo mira)
Kikin
kikinta yarpakun, (el mismo se recuerda)
Tukuy
tukuyta rimaykun…” (una y otra cosa habla)
Los frailescos (liklish) y
las gaviotas (kiulla) al paso de los caminantes enamorados alzan vuelo
emitiendo trinares de alerta. El enamorado andante con su característico coraje
y orgullo siempre rasgueando su guitarra fiel compañera y testigo mudo de sus
andanzas, tararea:
“Liqlishla:
¡Liq, liq niptinqa! (cuando el frailesco canta)
Naqachu
aywayamun nilanki; (estará viniendo dirás)
Kiullala:
¡Kiu, kiu niptinqa! (cuando la gaviota canta)
Naqachu
chayamun nilanki…” (estará viniendo dirás)
Y, cuando llega a la choza
de la dulce amada de ojos centelleantes de mirada y de respirar acompasado al
ritmo del viento musicalizado al contacto de ichus y totoras, se oyen los
ladridos temerarios de los shapichas (perros pequeños y chuscos), y el enamorado
entona:
“Pichilla:
¡Guau, guau niptinqa! (cuando tu perrito ladre)
Naqachu
chayamun nilanki; (dirás ya está veniendo)
Shapicha:
¡Guau, guau niptinga! (cuando tu perrito ladre)
Naqachu
chayamun nilanki…” (dirás ya está llegando)
La tradición testifica que
cuando el amante, sorteando ríos, pantanos, puquiales, mordiscos de perros,
besos de la pampa (chacho), tentación del illaq, de la sirena, llega a la choza,
preparan tazas de chocolate como preámbulo para entregarse en los brazos
irónicos del amor aromados de humo a champa, takia, bosta, ichu, totora, etc.
En algunas ocasiones, si
el amante andante no la encuentra a su amada pastora en su choza o majada,
lleno de ira, deduciendo traición, unas veces, las pertenencias de ella lo
quema si el amor es sincero; y, otras veces, las echa al río si el amor es de
aventura… y a sus animales los dispersa por el campo del oconal.
